La violencia más invisible: los micromachismos

La semana pasada introducimos el término «micromachismo». Este concepto no era utilizado, ni comprendido por la sociedad  hasta hace relativamente poco aunque su origen se remonta a finales de los 90 y principios de los 2000.  El auge está directamente relacionado con el feminismo y que, con el paso del tiempo, se ha ido afianzando cada vez más.  Fue tal el boom de este término que la Fundéu BBVA recogió la palabra micromachismo junto a otras 11 candidatas más como VAR, procrastinar o microplástico.  Finalmente la palabra del año (2018) fue microplástico dado el interés por los problemas medioambientales. 

Volviendo al tema que nos interesa,  el micromachismo es un término acuñado por el psicólogo Luís Bonino (1995, 2000). Los micromachismos son los comportamientos leves y normalizados que tiene la sociedad en su conjunto que vulnera y discrimina a las mujeres. Estos actos para la mayoría de personas son tan sutiles que dificulta la posibilidad de identificarlos y denunciarlos porque están correctamente introducidos en el ámbito social.

La finalidad de los micromachismos se puede dividir en tres partes:

  1. Tener el control de las mujeres y dominarlas.

      2. Si una mujer se manifiesta en contra conseguir el dominio sobre ella y restablecer el poder que le otorga el patriarcado.

      3. Aguantar la capacidad de poder de las mujeres y si tiene la opción lucrarse independientemente de si ella quiera o no.

Bonino (1995) consiguió hacer una clasificación de los micromachismos en base a cuatro clases:

  • Los micromachismos coercitivos. Para restarle autonomía a las mujeres, la dominación masculina utilizará mecanismos desde el ámbito económico, moral o psíquico con la intención de quitarles tiempo. 
    • Intimidación.
    • Control del dinero.
    • No participación en lo doméstico.
    • Uso expansivo-abusivo del espacio físico y del tiempo para sí.
    • Insistencia abusiva. Lo que se conoce como obtener algo porque la otra persona se cansa y, al final lo acepta aunque no piense lo mismo.
    • Imposición de intimidad (al querer mantener relaciones sexuales y ella no).
    • Apelación a la «superioridad» de la «lógica» varonil. El único que tiene la razón es él.
    • Toma o abandono repentinos del mando de la situación. Ella pierde capacidad de decisión.
  • Encubiertos. A diferencia de los micromachismos coercitivos, estos son indirectos y son más difíciles de criticar y denunciar.  El varón quiere introducir sus ideas a la mujer para que piense igual que él y al final logra que dependa emocionalmente y confíe en los pensamientos del varón. Como consecuencia, la mujer pierde poder en la toma de decisiones y se deja llevar por la opinión de él.  
    • Creación de falta de intimidad. En él encontramos tres grupos:
      • Silencio. Él al no contestar hace que la mujer se sienta culpable por algo que ha dicho o ha hecho. Además como persona se siente invisible.
      • Aislamiento y puesta de límites.  Es muy habitual el aislamiento porque el hombre se siente invadido o quiere hacer ver que la mujer está ocupando un puesto que se supone que no le pertenece. Más tarde se reciben frases con ira como «¡Estoy todo el día trabajando y quiero paz!» o «No me vengas con problemas» para luego recurrir a más aislamiento. La mujer se siente culpable y pasa de ser sujeto activo a sujeto pasivo.
      • Avaricia de reconocimiento y disponibilidad. Viene ligado a la dependencia emocional. Por ejemplo, el señalar que no hace falta decirse te quiero porque ella ya lo sabe.
      • Inclusión invasiva de terceros. El hombre no para de incluir planes tanto en el hogar como fuera de casa. Si su pareja no quiere asistir a todos los eventos le reprochará que se aísla ella sola y él no tiene la culpa.
    • Seudointimidad.  Tiene que ver con las conversaciones que tiene la pareja y se divide en dos:
      • Defensiva-ofensiva. En ningún momento se utiliza la negociación para llegar a un acuerdo sino que él le impone a ella sus ideas.
      • Engaños y mentiras. A través de falsas promesas el hombre oculta u omite información porque si ella se enterase, la relación podría acabar. Se tiene que basar en mentiras para no ser descubierto y si ella se entera, negarlo hasta  reprocharle que está loca (la mala siempre es ella). Por ejemplo, las infidelidades.
    • Desautorización. En base al sistema patriarcal ocurren:
      • Descalificaciones. Denigran a la mujer.
      • Negación de lo positivo. En ningún momento se valora aspectos positivos, al contrario.
      • Colusión con terceros.  Rescata las amistades de ella para así aislarla y que no vuelva a tener contacto con nadie que no sea él.
      • Terrorismo misógino. Son mensajes tipo «bomba» que no se esperan y normalmente es en el espacio público teniendo peores consecuencias por la vergüenza ajena.
      • Autoalabanzas y autoadjudicaciones. Expresiones frecuentes como «yo sé hacerlo mejor que tú» o «ya lo sé» cuando se refiere a tareas que normalmente no ha practicado como las domésticas. Es difícil que un hombre machista haga las tareas del hogar.
    • Paternalismo. La independencia y el empoderamiento femenino son factores que atormentan a los agresores. El hacerlo «por» la mujer en vez de «con» ella es frecuente en la teoría supremacía de los hombres.
    • Manipulación emocional.
      • Culpabilización-Inocentización.  No sabe hacer bien el rol de madre y esposa.
      • Dobles mensajes afectivos. Si la mujer acepta es manipulada y si no es culpabilizada. Tenemos frases muy normales e introducidas en las relaciones de pareja «si no lo haces por mí…» o «si no haces esto es porque no me quieres».
      • Enfurruñamiento. Acciones que culpan indirectamente a la mujer. Por ejemplo, quejarse de algunas amistades o que salga sin él sin decirlo directamente pero con cara de enfado.
  • De crisis. En las relaciones de pareja cuando la mujer está rompiendo la asimetría de las relaciones de poder y hay un cambio que desestabiliza la dominación masculina,  el varón increpa a la mujer por realizarse como persona. Por ejemplo, al escalar puestos al desarrollarse personal o laboralmente, él necesita no perder su status y que le sigan reconociendo sus logros.
    • Hipercontrol.
    • Seudoapoyo.
    • Resistencia pasiva y distanciamiento.
    • Rehuir la crítica y la negociación.
    • Promesas y hacer méritos.
    • Victimismo.
    • Darse tiempo. Frases como «ya hablaremos» o «lo pensaré»
    • Dar lástima.
  • Utilitarios. Esta nueva categoría se añadió después al reorganizar la tipología de micromachismos. Son principalmente todas las ideas del ámbito sanitario y doméstico. La mujer es cuidadora y tiene aptitud como tal, en cambio, el hombre por su naturaleza no se le da bien. Por ejemplo, las mujeres tradicionalmente se encargaban de las tareas del hogar y ahora al incorporarse al mundo laboral tienen doble trabajo porque sigue existiendo el micromachismo de que a la mujer le ayudan en vez de colaborar los dos por igual.
    • Abuso de la capacidad femenina de cuidado.
      • Maternalización de la mujer. Tu pareja tiene que ser buena esposa, ama de casa y madre. Los roles tradicionales tienen que llevarse a cabo.
      • Delegación del trabajo de cuidado de los vínculos y las personas. Las mujeres nacen para ayudar a los y las demás y se le da mejor determinados trabajos que impliquen cargas emocionales (ámbito sanitario, educación, etc.)
      • Requerimientos abusivos solapados. Tiene que ver  los aspectos más invisibles como, por ejemplo, se pone malo él y ella inmediatamente sabe que tiene que cuidarle. En cambio, al revés no le nace tener la exigencia de ocuparse de su pareja enferma porque «no es por naturaleza».
    • Autoindulgencia y autojustificación.
      • Hacerse el tonto. «Esto no va conmigo» o «los hombres somos así».
      • Impericias y olvidos selectivos. «No se me da nada bien, mejor hazlo tú que tardas menos».
      • Comparaciones ventajosas.  «Hay hombres que no hacen nada».
      • Seudoimplicación doméstica.  «Al menos te ayudo de vez en cuando».
      • Minusvaloración de los propios errores. Si el varón no lo hace, no pasa nada pero si la mujer que ha llevado esta carga doméstica siempre deja de hacerlo, no se puede consentir.

Desde la  Asociación MUM  condenamos cualquier acto que discrimine a la mujer por el mero hecho de serlo. Vemos importante señalar todos los tipos de micromachismos que existen y que la mayoría de veces se nos escapan por estar tan anclados en nuestras relaciones personales.  UMOJA VIOLETA ha querido profundizar sobre el tema para que entre todos y todas sea más fácil identificarlos y, por lo tanto, denunciarlos.

 

La artista Nepomukie subió el pasado mes de marzo a su red social Instagram una infografía relatando los micromachismos en las relaciones de pareja.

La artista Nepomukie subió el pasado mes de marzo a su red social Instagram una infografía relatando los micromachismos en las relaciones de pareja.

 

 

2019-04-27T22:28:33+00:00

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