Entrevista a mi mama

Como la situación estaba muy crítica, problemas familiares, económicos, del gobierno, había una inestabilidad tremenda en Perú. Teníamos muchas deudas : casa, colegio, recibos de  luz.Tomé la decisión de venirme aquí y dejar a mis hijas con mi madre. Me deshice de las cosas que tenía en casa, las vendí y lo di como parte de pago a mi casera. Arregle todos los papeles para que me dieran la visa. Me pedía ciertos requisitos que fui reuniendo; contrato de trabajo, contacto y residencia  de alojamiento temporal, etc. Todos esos tramites los hice sola y me quedé a la espera de la resolución del visado. Después de un par de meses me concedieron el visado. Me preparaba para el viaje y sentía mucha angustia sabiendo todo lo que iba a dejar; mis hijas, mi familia, el país; pero me hacía la valiente. Siempre les decía a mis hijas que estuvieran tranquilas, que viajando iba a solucionar los problemas económicos que teníamos y que todo iba a salir bien. Les prometí comunicarme todos los domingos con ellas. El padre de mis hijas en ningún momento creyó en mi decisión y cuando llegó el momento nos despedimos en casa.

Llegué a España en 1998. Tenía una hermana aquí, quien me recogió y ayudó en los primeros meses. Al principio me sentí a bastante inútil y tonta. Tenía que aprender a vivir en una ciudad bastante diferente.  Después de un mes conseguí trabajo gracias mi hermana, en casa de una familia en Ciudad Real. Estuve quince días trabajando, hasta que no pude más y renuncié porque me sentía muy triste. Volví a Madrid en busca de trabajo a la vez que aprendía a movilizarse por el centro de la ciudad. En el camino, sentía que algunas miradas me juzgaban y me diferenciaban del resto. Quizá, porque no estaban acostumbrados a ver tanta gente emigrando al país. Me sentía diferente, rara, como si fuera un bicho raro.  He escuchado muchos comentarios discriminatorios alusivos a mi origen suramericano que juzgaban mi decisión de buscarme la vida en este país. Quizá sentirme así me ha hecho vivir a la defensiva ante estas situaciones.

Conseguí trabajo de interna con una familia que me trataba muy bien, me hicieron sentir de la familia. Me encargaba sobre todo del hijo. Cuando lo llevaba al colegio, recordaba a mis hijas y me ponía muy triste.

En mis ratos libres decidí estudiar para no darle tantas vueltas a mi situación. Estudié corte y confección y no lo acabé. Dejé el trabajo de interna y empecé a trabajar por horas, a la vez estudiaba para auxiliar de enfermería. Hice mis prácticas y conseguí trabajo en una residencia de ancianos, en el que estoy actualmente.  Hay bastantes chicas sudamericanas trabajando en la residencia.

He sentido muchas veces el rechazo de la gente, me he sentido marginada y he llegado a resignarme. Por otro lado también he conocido muchas personas buenas y cariñosas que me han apoyado. Es muy doloroso dejarlo todo y cambiar tu vida, pero por mis hijas  tomé esa decisión.

2019-03-14T20:49:13+00:00

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